{"id":1368,"date":"2011-12-31T10:53:04","date_gmt":"2011-12-31T09:53:04","guid":{"rendered":"http:\/\/trenecicos.com\/?p=1368"},"modified":"2021-07-24T20:31:23","modified_gmt":"2021-07-24T20:31:23","slug":"arqueologia-ferroviaria-madrid-y-el-entorno-de-atocha-en-1929","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.geotren.es\/blog\/arqueologia-ferroviaria-madrid-y-el-entorno-de-atocha-en-1929\/","title":{"rendered":"Arqueolog\u00eda Ferroviaria. Madrid y el entorno de Atocha en 1929"},"content":{"rendered":"\n<p>Para acabar el a\u00f1o, una imagen del pasado ferroviario.La estaci\u00f3n de Atocha y su entorno a finales de los a\u00f1os 20. Para ver en tama\u00f1o mayor pulsar sobre \u00e9sta:<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter\"><a href=\"http:\/\/img268.imageshack.us\/img268\/9200\/1325324996561.jpg\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/img268.imageshack.us\/img268\/9200\/1325324996561.jpg\" alt=\"http:\/\/img268.imageshack.us\/img268\/9200\/1325324996561.jpg\"\/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Feliz 2012.<\/p>\n\n\n\n<p>Y un art\u00edculo de la \u00e9poca, de una excursi\u00f3n, por la zona:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p><em>Dispuestos a continuar la excursi\u00f3n emprendida por el cintur\u00f3n de la ciudad, llegamos a esta parte del Abro\u00f1igal que desde las proximidades del camino de Yeseros va se\u00f1alando el t\u00e9rmino de Madrid con los lim\u00edtrofes de Vallecas y Vic\u00e1lvaro; pero antes de remontarnos por esos lugares empecemos por el punto de partida de este paseo de hoy, en que nos acompa\u00f1a el activo concejal se\u00f1or Arteaga, a quien hemos tenido la fortuna de encontrar en nuestro camino, y que se ha unido a la expedici\u00f3n muy gustoso.<\/em><\/p><p><em>Comienza, pues, nuestra ruta en la calle de M\u00e9ndez \u00c1lvaro, casi frente al viejo cementerio de San Nicol\u00e1s y San Sebasti\u00e1n. El panorama que se presenta a nuestra vista no puede ser m\u00e1s hermoso. Los que digan que Madrid est\u00e1 rodeado de eriales y pardas tierras deb\u00edan venir aqu\u00ed para contemplar esta exuberante huerta que se extiende desde donde estamos hasta la v\u00eda f\u00e9rrea de circunvalaci\u00f3n, y que sigue luego desde el flamante Parque de Limpiezas, continuando por la derecha hasta La China, en t\u00e9rmino ya de VillaVerde, y por la izquierda, hasta el puente denominado de los Tres Ojos.<\/em><\/p><p><em>La espl\u00e9ndida huerta matritense nada tiene que envidiar a las feraces de Murcia y Valencia, y si bien echamos de menos aqu\u00ed los granados, naranjos y limoneros, no falta, en cambio, el cultivo de la hortaliza en todas sus manifestaciones. Repollos, magn\u00edficas lombardas, frescas lechugas, todo, en fin, cuanto constituye la abundancia de una huerta cuando la naturaleza es propicia, y que basta casi para abastecer de sobra el mercado de una capital como Madrid. Pero, \u00a1ay! que nuestro entusiasmo ha durado bien poco al contemplar el sistema de riego que produce tal exuberancia y feracidad.<\/em><\/p><p><em>Por debajo de los talleres de la Compa\u00f1\u00eda de Madrid, Zaragoza y Alicante desemboca el colector del Carcab\u00f3n, que arrastra rugiente el gran caudal de aguas residuarias de las que se nutren diversas acequias destinadas a facilitar el riego de todas esas huertas. Y all\u00ed hemos podido ver c\u00f3mo los hombres dedicados al trabajo lo hacen enfangados en aquellas pestilentes aguas, tan nocivas para la salud de ellos, como seguramente lo son todas las hortalizas que adquieren su savia de tan mal\u00e9fica materia.<\/em><\/p><p><em>Verdad es que este sistema produce en abundancia, aumentando los beneficios de los propietarios de la tierra, alguno de los cuales se nos dice que no vender\u00eda su huerta por muchos miles de duros, lo cual es l\u00f3gico si se tiene en cuenta que, debido a la calidad de las aguas, mejor dir\u00edamos inmundicias, con que se riegan son varias las cosechas que durante el a\u00f1o producen aquellos terrenos.<\/em><\/p><p><em>De la naturaleza del caudal que arrastra el Carcab\u00f3n da fe el olor insoportable de su corriente, cuyo l\u00edquido en las primeras horas de la ma\u00f1ana es amarillento, trasform\u00e1ndose m\u00e1s tarde en gris\u00e1ceo, y acabando por constituir una materia repugnante de color achocolatado. Nuestro amigo el concejal se\u00f1or Arteaga se muestra indignado ante este espect\u00e1culo, y como nosotros, no concibe tampoco c\u00f3mo es posible que se permita el aprovechamiento de estas aguas.<\/em><\/p><p><em>Pero hay m\u00e1s: cuando nos hac\u00edamos estas reflexiones hemos podido advertir algo m\u00e1s grave, y es que cerca del puentecillo, o paso de la v\u00eda de circunvalaci\u00f3n, unos hombres metidos dentro del cauce, con el agua cerca de la rodilla, se dedicaban a limpiar (\u00a1!) las cubiertas de los odres destinados a envasar el aceite de unos dep\u00f3sitos, y alguien nos ha dicho que all\u00ed mismo, a otras horas, se enjuagan los odres mismos \u00a1Puede darse mayor desatino!<\/em><\/p><p><em>Despu\u00e9s de tomar buena nota de todo esto hemos considerado tambi\u00e9n lo peligroso que resulta este colector al descubierto en las proximidades de unos talleres donde trabajan centenares de obreros, los cuales se ven obligados a respirar miasmas tan delet\u00e9reos.<\/em><\/p><p><em>He aqu\u00ed, pues, el espect\u00e1culo que hemos podido apreciar al ver c\u00f3mo el Carcab\u00f3n, con su lecho de inmundicia, abre sus venas para regar pr\u00f3digo la hermosa vega que constituyen las huertas madrile\u00f1as.<\/em><\/p><p><em>Poco m\u00e1s all\u00e1 del Parque Municipal de Limpiezas, rota la b\u00f3veda del colector, nuevas derivaciones de aguas fecales sirven para regar las huertas sitas a ambos lados del camino de Yeseros hasta el t\u00e9rmino municipal de VillaVerde.<\/em><\/p><p><em>Queda atr\u00e1s la actividad de la inmensa red ferroviaria, sobre la que trepidan trenes y silban locomotoras, y rodeando la altura del salto de Bolarque, seguimos el Abro\u00f1igal, y cruzando bajo el puente de los Tres Ojos, que levanta su mole cicl\u00f3pea sobre las casas y huertas de Herrera, nos encontramos entre la California, que es t\u00e9rmino municipal de Madrid, del que ya en otra ocasi\u00f3n hemos hablado a nuestros lectores, y los animados barrios Obrero y de Entrev\u00edas, que se hallan ya enclavados en el t\u00e9rmino vallecano.<\/em><\/p><p><em>Por all\u00ed hemos llegado hasta el puente, y, dejando a nuestra derecha el camino que conduce al populoso barrio de Do\u00f1a Carlota, emprendemos por la izquierda el curso del arroyo de las Moreras, lindante con la colonia de Frizt, para internarnos entre unas casuchas, especie de aduar, inmediatas a unos vertederos, donde unos hombres criban la basura, que el aire se encarga de esparcir por aquellos contornos.<\/em><\/p><p><em>Siguen luego peladas superficies que contrastan con alguna que otra finca dedicada a la floricultura, en medio de aquellos desiertos que semejan los \u00e1ridos arenales de Asia y de \u00c1frica, y llegamos a la parte del t\u00e9rmino que linda con Vic\u00e1lvaro. Nada de particular ofrece todo esto hasta llegar a la famosa huerta del Cordero, donde, despu\u00e9s de haber cruzado por debajo del puente del ferrocarril de Arganda, penetramos por los tejares de Sixto en la miserable barriada que en otra ocasi\u00f3n denomin\u00e1bamos Las Jurdes de la Elipa. Junto al puente de este nombre hemos visitado unos grupos de casuchas o cub\u00edculos donde toda miseria tiene su asiento.<\/em><\/p><p><em>Aquellas pobres gentes nos reciben con cierta extra\u00f1eza, pues, aparte de nosotros, no sabemos que haya llegado hasta all\u00ed otra persona que se pueda interesar por ellos, como no sea el teniente alcalde del distrito, Sr. Mir\u00f3 y Trepat, quien nos consta que lo ha hecho para llevar a los infelices habitantes de esos m\u00edseros hogares el consuelo de un socorro.<\/em><\/p><p><em>Unas mujeres nos cuentan sus penalidades. Los maridos han de recorrer largas distancias para llevar a sus casas el sustento que les produce su rudo trabajo; la asistencia m\u00e9dica tienen que solicitarla de la Casa de Socorro, que dista varios kil\u00f3metros, y en cuanto a escuelas, los chicos han de acudir a unas establecidas por una instituci\u00f3n cat\u00f3lica en el lejano paseo de Ronda; pero esta asistencia cesa en cuanto empiezan las lluvias o cuando falta el calzado.<\/em><\/p><p><em>Una pobre madre nos presenta a una ni\u00f1a que por esta \u00faltima raz\u00f3n ha dejado de asistir al colegio, y al recibir de nuestra mano el socorro para que lo adquiera llora de gratitud al coger las monedas, que quiz\u00e1 se vea precisada a emplear antes en alimento que en alpargatas.<\/em><\/p><p><em>Hemos pasado bajo el puente, que parece inclinarse ante tanta miseria; es el camino que en su d\u00eda servir\u00e1 para verificar la conducci\u00f3n de los cad\u00e1veres hasta la Necr\u00f3polis, cuya f\u00fanebre c\u00fapula asoma tras unos cerrillos por cuya falda corre el arroyo de la Elipa, entre chozas incre\u00edbles, donde la gente vive sabe Dios c\u00f3mo. Nosotros seguimos el curso del Abro\u00f1igal, junto a las tapias de la famosa finca de la Fuente del Berro, llamada de Santa Marina; a la derecha se extienden unos campos sembrados de alfalfa y por all\u00ed hemos llegado al final de nuestra excursi\u00f3n, que termina en las Ventas del Esp\u00edritu Santo.<\/em><\/p><p><em>Nuestra impresi\u00f3n durante este largo paseo por esta parte del famoso arroyo no ha sido mejor que la que sacamos de la que hicimos hace poco desde aqu\u00ed mismo hasta los Llanos; pero lo m\u00e1s importante de cuanto se ha ofrecido a nuestra vista est\u00e1 indudablemente en las famosas huertas que riegan las aguas residuarias de la capital, cuyo aprovechamiento deb\u00eda de estar prohibido hace mucho tiempo, no ya por lo que significa el cultivo por ese procedimiento, sino por el peligro que supone para los mismos que se dedican a la labor con las piernas metidas dentro de las inmundicias, que en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, a causa de alguna rozadura o lesi\u00f3n, les ha hecho sufrir peligrosas infecciones.<\/em><\/p><p><em>\u00bfY qu\u00e9 hemos de decir del lavado de los envases para el aceite hecho con las aguas pestilentes llenas de inmundicias y detritus?<\/em><\/p><p><em>ENVIO: A las autoridades sanitarias, a las gubernativas, y al se\u00f1or alcalde de Madrid, especialmente, que tanto se preocupa por estos problemas, llamamos la atenci\u00f3n acerca de lo que m\u00e1s arriba denunciamos. Regar con aguas fecales las huertas que abastecen de verduras a Madrid es condenar a los madrile\u00f1os a sufrir de modo permanente la endemia tifoidea. Limpiar los envases de aceite con las mismas aguas es un verdadero crimen de lesa higiene.<\/em><\/p><p><em>LA VOZ espera que se pondr\u00e1 a tales abusos incre\u00edbles el remedio que reclama la salud p\u00fablica.<\/em><\/p><p><em>LUIS BLANCO SORIA<\/em><\/p><p><em>(Diario \u00abLa Voz\u00bb, 27 de octubre de 1927, p\u00e1gina 3: \u00abEl Madrid que Madrid no conoce\u00bb)<\/em><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><\/p>\n<div class=\"geotr-despues-del-contenido\" id=\"geotr-4003950\"><script async src=\"\/\/pagead2.googlesyndication.com\/pagead\/js\/adsbygoogle.js?client=ca-pub-8138993744528361\" crossorigin=\"anonymous\"><\/script><ins class=\"adsbygoogle\" style=\"display:inline-block;width:728px;height:90px;\" \ndata-ad-client=\"ca-pub-8138993744528361\" \ndata-ad-slot=\"7686718005\"><\/ins> \n<script> \n(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({}); \n<\/script>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para acabar el a\u00f1o, una imagen del pasado ferroviario.La estaci\u00f3n de Atocha y su entorno a finales de los a\u00f1os 20. 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